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Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

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Privado Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

Mensaje por Maximilian V. Rozencroutz el Dom Mayo 01, 2016 9:52 am

Eran las doce de la noche, las campanas de una iglesia sonaban anunciando la muerte de toda vida en las calles de las zonas residenciales y frente al palacio de la diosa del amor su esposo observaba sin ningún temor, sin ninguna duda en su rostro de lo que pronto haría - 12 personas... siento el cosmos de 12 personas incluyendo al hombre que duerme en su cama, es todo lo que siento dentro de esta casa, pagare por triplicado para el barquero, el pago en monedas de oro plata y bronce por estas almas descansen prontamente... sus muertes serán tan rápidas que ni las podrán sentir, - dijo echando al pórtico de la casa una bolsa de tela con un fardo de monedas de bronce plata y oro como el dijo y pronto dio dos pasos dándole la espalda a la casa  esta exploto desde su interior con llamas tan vivas que los escombros eran rocas fundidas y los cadáveres no eran visibles entre el área incinerada... eran las doce y 15 minutos y en la abandonada mansión de los Rozencroutz muchas calles lejos de la explosión el dios espero por su amada que pronto se haría presenta para vengar la muerte de sus criados y amante - ven pronto Afrodita es hora de que abandones tu tonta fachada de actriz y camines a esta guerra como la diosa que eres tal cual como lo deseaste... aquí estoy yo esperando por ti impaciente en esta vieja mansión... que deseo destruir usando tu perfecto cuerpo como mi martillo.
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Privado Re: Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

Mensaje por Millenna L. Dam el Jue Mayo 05, 2016 7:07 pm

Eran las doce de la noche y el sueño de la mujer de los cabellos negros y su amante de turno fue interrumpido por el sonido estruendoso de una explosión acompañado por el calor de una ráfaga de llamas infernales que viajaban como controladas por alguien, destruyéndolo e incinerándolo todo. 

A pesar de lo horrible del cuadro, nadie alcanzó a gritar o alertar a los alrededores, pues la vida de cualquiera que no fuese la diosa del amor pasional, fue apagada como la llama de una vela al amanecer, y sumió a la mansión en una oscuridad y silencio, sólo comparable con la devastación del hermoso lugar.

Con los ojos abiertos de par en par, y con lágrimas de ira en sus ojos, la mujer observó las cenizas cubriéndolo todo y tomando lugar en el lado donde antes había estado dormido su amante en su lecho, el cuál tampoco existía en la actualidad. Con rapidez, la mujer se movió por los escombros de la casa intentando hacerse camino, para llegar a la habitación en donde guardaba sus joyas y su armadura. Cuando se durmió estaba tan  confiada de que nada iba a pasar en su hogar, que no se preocupó de imbuir con su magia ningún lugar, a excepción de ese, en dónde además reposaba su armadura.

-Esto... Esto no te lo paso Hefestos- Dijo la mujer con un tinte de furia en su voz, luego de comprobar, que los alrededores de esa habitación, así como su contenido, se habían preservado de la amenaza apoderosa de aquel hombre.

-Luego me ocuparé de esto- DIjo la mujer mientras con sus poderes ocultaba bajo la tierra la habitación con los tesoros, pero la armadura, la hizo  minúscula, como para poder llevarla de dije en su cuello.

-¿Así que desesperado por hacerte tomar en cuenta?- Afrodita pateó el fardo de monedas que Maximiliam había dejado en la entrada y salió luciendo un traje negro de cuero con una blusa blanca cubriendo su escote. No pretendía verse linda, ni mucho menos, eso había quedado atrás, ya que como le había dicho el dios de la muerte no violenta, el llamar la atención no era precisamente, algo que fuera a servirle de momento.

Con los ojos cerrados, la mujer buscó la presencia de su ex-esposo y luego de localizarlo desapareció para tomar su lugar en el escenario en donde su mayor fan esperaba por el espectáculo.

Caminando por el sendero que llevaba al esqueleto desvencijado, de lo que antes fue una hermosa mansión, la mujer se dirigió emitiendo un canto un tanto amenazante que demostraba su estado de ánimo actual.

-Ladada te voy a sepultar, ladada mi sonido lo hará, tu sangre beberé, de tu cara lo haré...- la mujer se detuvo frente a Hefestos quién estaba de pie en la entrada con una seriedad que ni pel mismo se creía.

-Buenas noches mi impertinente ex-esposo- La mujer elevó un poco su cosmos y se cruzó de brazos- ¿Podrías decirme qué haces destruyendo mi casa y una cantidad enorme de ropa, que no serías capaz de pagar ni porque te vendieras toda la eternidad?- Afrodita lanzó una esfera rosada brillante con fuerza contra su interlocutor. Al destruir su mansión, él no sólo había pegado directo en su vanidad, sino que también había logrado darle en su orgullo, al dejarle claro que podía estar un paso delante de ella por su constante descuido.

Sabía que ella estaba precipitándose al lanzar aquel ataque sin planificación contra él, sin embargo, Maximiliam había sobrepasado el límite que lo mantenía lejos de su lista de enemigos a atacar de inmediato y ahora él la encabezaba. No solamente él, sino también todos los que lo rodeaban, por lo tanto también corría peligro su esclava, a quién si quería proteger, debía refundir en el infierno, o en su defecto, impedir que ella la encontrase.

-¿Querías llamar mi atención no es así? ¡Te conozco! ¡Eres así de patético!- La mujer lanzó otra bola de cosmos un poco más grande.- Bueno... Ya la tienes, espero te guste el espectáculo querido, porque luego de deshacerme de tí, iré por todos tus subordinados, incluso los de tu amada siderúrgica.
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Privado Re: Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

Mensaje por Maximilian V. Rozencroutz el Dom Mayo 08, 2016 11:18 am

Con elegancia y algo de sutileza como se la distingue de una rosa llego a mi vieja casa o tal vez sería mejor decir, la casa de esta vasija que porta mi fría alma de hierro, eso era lo menos importante, la observe llegar desde la ventana del segundo piso, al igual que una rosa floreciente apareció frente a mi como nacida de la misma madre tierra, no la subestimaría… puesto que toda rosa tiene espinas y ella es un jardín lleno de estas. Camine hasta la planta baja ella se recostó en la puerta principal recostada de brazos y mostro su característico berrinche con múltiples ataques que me tome la molestia en esquivar mientras desvestía mi cuerpo dejando solo mis largas botas y mi pantalón de cuero vistiéndome.

Un segundo ataque apareció frente a mi e invoque en silencio mi martillo y rompí aquella burbuja incinerándola con las llamas que de este emergían al empuñarlo en mi mano – vaya, no esperaba vinieras tan pronto… te conozco tanto que sé que de seguro ahora deseas ver muertos a cada uno de mis sirvientes no es así afrodita, pues está bien pronto tendrás la oportunidad de intentarlo… lamento mucho la verdad la caída de todos tus preciados alabadores… no pensé que tus amantes fueran tan frágiles… - dije caminando más y mas hasta ella, mi mirada era tan fría como el tono de mis palabras, si no la detenía hoy al menos debería dejarle claro en la clase de guerra que se está metiendo, al menos hoy le dejaría en claro que si ella seguiría con esto solo encontrara de mi un muro de hierro inquebrantable que la frenara.

Ven, acércate a mí… sé que esas moscas no son tu mejor ataque, así que por ello sé que solo querías llamar mi atención, pero el día del casino ya captaste toda la atención que te mereces justo ahora eres lo único que deseo frente a mis ojos, justo ahora eres un recuerdo que pienso destruir completamente con mi martillo y moldear para convertir en algo más útil para mis antojos… ven a mi afrodita – levante mi brazo apuntándola con mi martillo y con mis pupilas ardiendo con el reflejo del fuego dentro de este pronuncie mi declaración – viste ese hermoso traje que forje para ti y dime todo lo que tengas que decirme con tu cuerpo... no vaciles en ningún solo ataque o te aplastare, vamos acércate a mí y demuéstrame si tienes lo suficiente para apagar las llamas que tus travesuras han encendido mi dulce esposa… muéstrame si tú puedes hacer arder este corazón de frio hierro.
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Privado Re: Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

Mensaje por Millenna L. Dam el Sáb Mayo 14, 2016 11:08 am

De todas las cosas que el mundo, podrían molestar a la deidad del amor pasional, había algo que se llevaba el primer lugar, y era el descaro propio de la gente sin clase, que concordando con los orígenes de Hefestos, el mismo mostraba en todo esplendor al inicio de ese encuentro. Todavía no podía entender, cómo era posible, que su inútil esposo, estuviese tan tranquilo sentado esperando por ella, como si el haber destruido su casa no hubiese sido la gran cosa.

Como era de esperarse ante ese ataque, el hombre de los cabellos negros esquivó todas sus esferas de cosmos y aprovechó la situación, para mostrar una vez más su exhibicionismo al desvestirse el torso, quedando ante ella como uno de esos jornaleros al final del día, que se presentaban ante su patrón para rendir cuentas. 

Una mirada sorprendida se pintó fugazmente en los ojos de la pelinegra, al ver la forma tan sencilla en la que destruyó su esfera mortal empuñando su  martillo. No podía negar que el señor de la forja, tenía un poder que no se debía subestimar, y que si ella quería salir bien librada de esa batalla, tenía que ponerse seria de una vez por todas. No iba a dejar que algo como lo de su encuentro por las campanas volviese a suceder.

-¿No esperabas que viniese tan pronto?- La diosa del amor dijo esto con un tinte de ira en su voz- ¿Qué crees que iba a hacer? ¿Quedarme durmiendo  entre las llamas y dejar que mi cabello se llene de cenizas, mientras tú estás bien tranquilo disfrutando del espectáculo que dan las llamas de mi mansión?

La diosa del amor carnal observó a su interlocutor acercarse un poco más con total  tranquilidad mientras la miraba de aquella forma en la que sin encontrar todavía la forma de evitarlo, él la hacía temblar y sentir en peligro.

-Afrodita, ya tendrás tiempo para divertirte de vez en cuando con él, cuando lo hagas tu más fiel y humillado esclavo, que además de atenderte, tendrá que divertir y servir a  tus amantes también- pensó la mujer respirando profundamente.- Por ahora deja de admirar sus actitudes y su bien hecha figura. Recuerda que sólo es un contenedor.

La mujer se repitió muchas veces esta premisa, mientras escuchaba la voz de Hefestos proferirle amenazas y alentarla para que usara su armadura. Eso claramente le decía que la batalla iba en serio, y aunque ella lo sabía, a veces parecía olvidarlo, por la forma infantil con la que su marido, se enfrentaba a ella algunas veces.

-¿Moldear mi cuerpo? ¿Travesuras?- Millenna enarcó una ceja- ¡Por favor! ¡Tú fuiste quién empezó con esto!- Dijo la mujer poniendo sus manos sobre las caderas elevando un poco su cosmos.

-Hefestos prepárate, porque si yo te derroto, voy a encargarme de hacerte pasar humillaciones peores que las que te hice antes, y que te llevaron a intentar tomar a Athena a la fuerza- La joven soltó una risa cruel y exagerada- ¿En serio qué pensabas? ¿Que Athena iba a ceder a tus... Encantos?- Millenna dijo esto con excesiva burla y maldad y luego de borrar su sonrisa malvada de su rostro movió su mano e hizo caer los restos de la casa que estaba detrás de Maximiliam.

-Bueno... Si tengo que pelear, no lo voy a hacer con ese pila de escombros en el terreno. Hay que dejar libre el campo de batalla... ¿No lo crees así Hefestos?
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Oye no sé bien cómo se hace la solicitud de batalla y hay que elegir el modo. También tenemos que ver si se cierran los entrenamientos y eso. O esperamos a que los terminen.
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Privado Re: Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

Mensaje por Maximilian V. Rozencroutz el Dom Mayo 15, 2016 6:16 pm

Por eso elegí este lugar para vernos… este es un lugar de mis mortales recuerdos que deseo sepultar y que mejor que hacerlo con el más grande recuerdo por sepultar que llevo hace años… Tu…  - dijo Hefestos sonriendo mientras sus ojos se cerraban y soltando su martillo al suelo su eco libero una poderosa sacudida que desquebrajo los muros agrietándoles y dejando escombros del techo caer mientras él ya estaba frente a la dama dándole una suave caricia en su pómulo con su derecha y diciéndole a su oído izquierdo con un suave susurro al viento que acariciaba su oreja – no sabes cómo voy a disfrutar el cubrir esa perfección con cicatrices que te hagan recordar cada letra de mi nombre.

Su puño no espero a hacerse sentir mientras en su rostro una lagrima corría marcando el inicio de su inevitable combate el a favor de la humanidad y su amada deseando ver esta caer con el imperio que Zeus levanto – este ya no es el reino de Zeus… ya no hay templos, ya no nos temen, somos mitos en sus vidas somos líderes para nuestros súbditos, esta es tierra de mortales asi que si deseas ver esta tierra caer deberás vestir ese traje que diseñe con delicadeza para ti y mostrarme con tus puños la fuerza de tu determinación Afrodita – exclamo con fuerte voz aquel rudo hombre mientras su cuerpo ardía vistiéndose de llamas que se apagaron mostrando la dorada armadura vistiéndolo y extendiendo su mano derecha hacia un lado su martillo volvió a esta.

Te gusta… a pesar de ser un contenedor tiene gran fuerza ahora con solo un par de meses trabajando en la fragua, ahora estos puños son tan fuertes como martillos y este cuerpo tan imponente como la más grande muralla… - Hefestos empezó de nuevo a caminar hasta el lugar donde cayó su amada después de aquel puñetazo - ven levántate mi vida voy a sepultarte son esta casa y luego sembrare en tu tumba un bello jardín de rosas para que glorifiquen tu nombre… - Hefestos a tres metros de ella le lanzo como furia su martillo cruzando a un lado de su rostro e impactando en un muro a lo lejos - ven y muéstrame que tan afiladas están esas garras gatita… porque pienso arrancártelas y darme un deleitante concierto con tus gritos.

Lo recuerdas el primer día que nos vimos, el primer día que pise aquel pulcro y limpio lugar en el olimpo – dijo Hefestos y en su memoria venia aquellos recuerdos mientras sus ojos llorosos se secaban solos… aquellos días donde él fue convocado después de ser despreciado, en aquel momento él era como ella, deseando cada cabeza de dios siendo destrozada por su martillo. En aquel día donde era recibido abiertamente por sus padres aquellos que lo despreciaron por su apariencia hoy lo recibían reconociendo su talento único – nunca se pude elegir a los padres que tiene uno… afrodita… como no se puede elegir como ser al nacer… pero puedes aun elegir… puedes elegir vivir con ese rencor satisfaciendo tu alma o puedes elegir abandonarlo y seguir… no vengo a convencerte pero si no lo haces te aseguro que te matare esta misma noche.
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Privado Re: Reencuentro En La Vieja Mansión De Los Rozencroutz [Con Millenna L. Dam]

Mensaje por Millenna L. Dam el Jue Mayo 19, 2016 5:22 pm

Lo que iba a suceder en ese momento no lo había podido prever nadie. Hefestos, quien hasta ese momento había permanecido actuando como si estuviese en una especie de juego con ella, ahora se mostraba más serio e iba contra ella directamente con una amenaza que no se podía tomar tan a la ligera. 

-¿Y así decías que me amabas? Por eso es que suelo decir que no hay que creer en la palabra de los hombres.- La mujer dijo esto con un tinte de ironía mientras retrocedía para alejarse de Maximiliam, quien había acortado la distancia luego de soltar su martillo y hacer temblar el suelo bajo sus pies y destrozando lo poco que quedaba de la antigua casa donde se suponía había nacido él. 

El cosmos del señor de la forja ardió con más fuerza y pronto Millenna entendió que Quisiera o no, ella sabía que ese día tendría que pelear con él y que de nada le serviría intentar ahuyentarlo como antes lo había hecho, en sus anteriores encuentros; no es que ella no se tomase en serio la rivalidad que había marcado ella misma con él, sino que ella sentía que ese no era el momento. No tenía nadie a quién acudir, para cuidar de sus heridas en caso de que el combate fuese muy duro, y no contaba con ayuda tampoco para nada de lo que iba a hacer. En pocas palabras, la pelinegra no se sentía sentía segura de nada de eso, y sin embargo se vio obligada a seguir.

-¿De tu nombre? De qué...- La diosa del amor no pudo decir nada más, pues inmediatamente  luego de la caricia que le había dado el moreno en su mejilla, un golpe fuerte en su rostro la mandó a volar unos pasos dejos de él. Con los ojos cerrados y el cabello cubriendo su rostro, la mujer se levantó tocando el sitio en done había recibido el golpe. 

-¡Tú... Maldito... Me has levantado la mano por última vez!- Bufó la mujer mientras su cosmos ardía y hacía levitar grandes pedazos de escombros a su alrededor para lanzarlos contra su interlocutor, pero de momento eso resultó inútil, ya que ella no había logrado recomponerse de aquel golpe, y su ataque no dio en el blanco.

-Maldición...- Refunfuñó la mujer, mientras el martillo de Hefestos, impactaba de pronto cerca de su rostro al mismo tiempo que su enemigo, le decía algo sobre la humanidad y el nuevo mundo que, ella claramente no escuchó, pues el sonido había provocado un zumbido insoportable en sus oídos. Lo único a lo que puso atención, fue a su requerimiento acerca de vestir su armadura, requerimiento que, valga la redundancia, ella no acató de inmediato, pues había decidido atacarlo primero con lo que tenía cerca.

-¿Enterrarme? ¿Estás seguro? Yo voy a reducirte al insecto asqueroso que eres mucho antes de que logres hacer eso.- Afrodita observó como las llamas cubrían el cuerpo de su ex-marido y luego daban paso a la armadura que usaba desde los tiempos mitológicos para las batallas que tomaba en serio.

-Entonces me dará gusto destruir esa... Muralla- dijo la diosa del amor mientras el zumbido en sus oídos desaparecía por completo dejando que escuchase de nuevo la palabrería aburrida de quien significaba para ella el acortamiento de su libertad.

-La verdad es que borro de mi memoria las cosas desagradables. Ya me levanté como tanto insistías.  Creo yo... no deberías estar tan cerca de una persona que no se va a dejar asesinar tan fácilmente- Espetó la mujer desapareciendo con rapidez de la vista Hefestos para aparecer ahora en el sitio donde antes había estado este.

Su cuerpo se cubrió con un polvo brillante rosado que dio paso a la armadura de aquella encantadora y seductora mujer. A pesar de todo lo ocurrido, algo bueno iba a recibir de ella su insoportable consorte, pues justo en ese momento ella estaba luciendo para él, quisiera o no, la hermosa armadura que le fabricó.

-¿Te gusta lo que ves? ¡Pues será lo último que veas en esta vida!- La diosa del amor pasional hizo aparecer una gran cantidad de corazones brillantes y los dirigió contra su enemigo sin piedad.

Pensaba que después de todo, el destino de Hefestos no era tan malo. Iba a ayudarla desarrollar sus habilidades en batalla y tenía además la oportunidad de verla,  portando esa armadura con tonos azulados adornada con vuelos y accesorios que hacían parecer un hada de increíble belleza. Podía admirar el resultado de su trabajo, pues muy a su pesar Afrodita sabía que incluso la falda de su atavío, que parecía la del vestido de una novia, y el collar de color azul metálico en el cuello, así como su diadema dorada en la frente, eran trabajo del ser del que ahora quería deshacerse.

-¡Vamos Hefestos! ¡Reverencia tu reina!- Dijo la mujer caminando despacio hacia  él manifestando su esencia como lo que era. Una Manifestación letal y divina.

Los corazones impactaron en el sitio en donde estaba de pie el señor de la forja, y la mujer observó polvo y el humo que resultaba de la acción destructora de esos corazones. Podría decirse que era un poco irónico que ella lo atacase con algo que hacía referencia a lo que siempre había querido tener de ella, pero eso era precisamente lo que le gustaba de todo eso. No podía ocultarlo, a pesar de su bellaza y rostro angelical, ella seguía teniendo la capacidad para ser inmensamente cruel, y disfrutar el ver caído al autor de su armadura, como ahora. Los corazones habían hecho un buen trabajo, y el hombre yacía en el suelo.


-Para fanfarronear tanto resultaste ser muy penoso. Al igual que muchos que han osado enfrentarse a mí y han perdido de forma vergonzosa. - la diosa del amor carnal llegó a donde se encontraba Hefestos cubierto de tierra y algo de ollín. Sin tener un poco de prudencia, se agachó apoyando su rodilla en el suelo y tomó el rostro del moreno de forma despectiva para acercarlo un poco al suyo.- No importa cómo reencarnes...  Siempre vas a terminar siendo un inútil y simple herrero incapaz de merecerme.

Una vez dicho esto, la mujer soltó el rostro de Maximiliam y caminó de nuevo hacia el punto de inicio. Podía atacarlo en ese momento, pero resultaba ser, que ella quería que él la atacase con todo su poder, para tener más placer al aplastarlo.

-Aquí espero mi querido esposo... Deja de holgazanear y trata de ser un poco útil por primera vez en tu vida.


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La manipulación fue permitida y el post de la batalla es en otro lugar.
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